martes, 2 de abril de 2013

Una nueva Universidad, una nueva Currícula. Para NO estudiar “tranquilos”. Elecciones a Centro y Consejo los días 9, 10, y 11 de abril. Votá a la Cátedra Libre Oscar Masotta.



Siempre existe alguna buena razón para intentar cambiar las cosas. Ideas que van madurando, que se inician en la queja, que luego puede devenir en protesta. Un juego de palabras que el querido analista Fernando Ulloa utilizaba para designar la transición a otro modo de implicación política. Hablaba del cuerpo… de otro cuerpo “no agazapado en el adormecimiento”. Siempre hay razones, pero… ¿acaso importan las razones? En todo caso, como diría Masotta, tener (la/una) razón no delimita de por si una estrategia. Y de eso queremos hablarte en este texto, esbozando una estrategia que dé soporte a una buena razón para cambiar algunas cosas.

Partamos de algo que para nosotros es básico: el estudiante es lo más importante de la Facultad. No es una víctima, y si lo es, conviene no retratarlo como un pobrecito. Porque el estudiante está en la Carrera de Psicología, entre muchas otras cosas vitales, para luego ejercer una práctica con otros. Ese es el eje central de la Facultad: los otros y nuestra práctica. O, dicho de otro modo: nuestra práctica en la facultad, pero siempre proyectada al conjunto social que sostiene nuestra experiencia.

Y con mayor razón en un contexto como el actual, donde los estudiantes de psicología comenzamos a trabajar en Políticas Públicas, en Acompañamientos Terapéuticos, en los Centros de Día, en espacios educativos, más bien tempranamente.

Es evidente que al convertirnos en potenciales –o, directamente- estudiantes/trabajadores en prácticas de lo que se denomina campo de la Salud Mental, nuestro protagonismo no puede ser el de un mero receptor al que evalúan cada tantos meses.  Se precisa otra práctica en la Institución que nos cobija.

Las nuevas posibilidades, anticipan lo que antes era el aterrizaje forzado del graduado. Y la ausencia de un soporte en la Facultad, que la misma no aloje, no interpele, o que no se deje interpelar por las prácticas que producimos los estudiantes, es un síntoma más del aislamiento de la misma.

Nuestra currícula proviene del año ´84. Toda currícula implica también lo que se llama una currícula oculta, que en general combina una reducción, una selección de lo proyectado en la letra, con sanciones y moralizaciones que jerarquizan la diversidad de las prácticas. Esto logra que en ocasiones, un psicoanalista explique una corriente ajena a su práctica no desde el soporte de una experiencia, sino desde la vía des-legitimadora.

Se establecen así ideales, códigos naturalizados, escolarizaciones, pronunciadas como verdades inobjetables.

Además, tengamos en cuenta que han pasado casi 30 años, y que veníamos del terror, donde los psicólogos habían sido expulsados de los espacios públicos. En estos años, se aprobaron nuevas leyes que regulan nuestra profesión, pero lo fundamental es que hay cierto estilo en los psicólogos argentinos, donde las prácticas no vienen dadas necesariamente, sino que son ganadas a pulso. A partir de los efectos, de poder dar cuenta de un trabajo interesante.

Tal es así, que todos los trabajos que realizamos los estudiantes no figuran en ningún espacio con algún grado de importancia en la currícula: ni las Políticas Públicas, ni el Acompañamiento Terapéutico, ni el trabajo con Niños, ni las problemáticas de la Infancia, ni las especificidades del trabajo con las Psicosis, ni los recorridos y experiencias de Movimientos de Desmanicomialización, ni la relación al discurso jurídico…

No decimos que la facultad deba ser la sombra del mercado laboral, pero tampoco puede desligarse del “afuera” desde la indiferencia. Aparte, ¿qué afuera? Si estamos hablando del trabajo de los estudiantes.

Es más: todas estas prácticas tienen fundamentos interesantes, pero eso no quiere decir que en la reproducción en serie, por fuera de las escenas artesanales, no haya muchísimas cosas para cuestionar, incluso reflexionando sobre la mercantilización de la salud, los diseños de las Políticas Públicas, o sobre leyes como las de Salud Mental o la de protección de infancias…

Un poco de Historia: la letra escrita de la currícula se hizo luego de la dictadura militar. Como dijimos, había que reconstruir el espacio público. Con la resaca de la derrota -los ´90- se re-definen nuevos modos de pensar lo público pegoteado con lo gratuito.

Esto se deja ver en las distintas prácticas de las instituciones públicas. Muchísimas prácticas políticas se sostienen aprovechando el estrago realizado por la política neoliberal.
Son los que sólo saben sembrar sospechas, difamar, apropiarse de lo que es de todos, pero no para convocar a la participación del estudiante, sino para ofrecerse como la garantía para que el estudiante pueda “estudiar tranquilo”, porque ellos se ocupan de mantener alejados a los diferentes cucos que ellos mismos construyen.

“Estudia tranquilo” quiere decir: estudia lo establecido, de un modo consumista, recortado, sin potencia, sin marcas, con más repetición que preguntas. ¡Estudia lo que hay!

Si tu preocupación es trabajar, todo esto no te sirve para nada, porque el problema en el año 2013, no es tanto conseguir trabajo en el campo de la Salud Mental, sino poder soportarlo. Poder dar cuenta de una práctica transformadora, con efectos, desde fundamentos éticos, clínicos y políticos.

Ninguna currícula es capaz de garantizar una formación. Ninguna Universidad, ninguna Escuela. No estamos hablando de garantías, estamos subrayando el adormecimiento. Tampoco una nueva currícula puede provenir únicamente de la mano de los estudiantes, pero sí hay que tener bien presente que en la historia de nuestra Facultad, ante cada cambio transformador los estudiantes siempre estuvimos.

Hace tiempo venimos trabajando respecto a la Historia de la Facultad y del psicoanálisis en Rosario. Eso nos llevó a producir un Documental sobre la misma, nos llevó a leer, a escribir, ver las ruinas, las deudas no saldadas… Pero también quisimos ver qué pasaba en otras facultades y nos procuramos las currículas de Psicología en otras facultades de Argentina y de otros países. Todo ese material está a disposición tuya.

No es nuestro plan escribir un proyecto de currícula solos y discutirlo en el Consejo Directivo para pintar luego un afiche. Por eso apostamos a construir otro Centro de Estudiantes: transformándolo, para convertirlo en una usina de ideas, de entusiasmos, para construir un piso mínimo de discusión que permita generar un verdadero cambio. Que se precisa, por nosotros, pero también por las necesidades del pueblo que financia nuestro estudio.

Este año --desde la Masotta-- conseguimos presentar una lista para las elecciones al claustro de Graduados. Y uno de los proyectos compartidos, tiene que ver con la creación de un espacio denominado Psicoanálisis y Estado.

Queremos convocarte a participar de la constitución de una agenda para la construcción de un movimiento de Salud Mental Argentino. No estamos solos, en toda la argentina somos muchos los que tenemos ganas de discutir estas cosas.

De arriba hacia abajo solo se cava un pozo. Pero con la queja sola no alcanza. Sumate a construir otra cosa. Somos parte de la historia de esta institución, porque no es una historia cerrada. Elecciones a Centro y Consejo, días 9, 10, 11 de abril.

                                                                               

viernes, 29 de marzo de 2013

Fragmentos del documental sobre historia del psicoanálisis en rosario y presentación de tres libros clásicos.




El jueves 4 de abril, a las 19hs, realizaremos una actividad donde anticiparemos algunos fragmentos del documental sobre historia del psicoanálisis en rosario, producido por la Cátedra Libre Oscar Masotta.

La jornada contará además con la presentación de tres libros. Luis Giunipero hablará sobre “Del psicoanálisis a la psicología social” de Pichón Riviere, Jorge D`Angelo trabajará “Psicoanálisis y Dialéctica Materialista” de José Bleger, y Rodrigo Di Cosco, hará lo propio con “Lecciones de introducción al psicoanálisis” de Oscar Masotta.

Un homenaje a aquellos tiempos donde los discursos circulaban y chocaban…públicamente. Donde el que tomaba la palabra, debía hacerse cargo de lo que decía, porque eventualmente, había alguien que escuchaba (y que respondía). Pichón, Masotta, Bleger, lo sabían muy bien. No podían hacer una misa, esto es, hablar para no decir nada. Que mejor entonces, para evocar aquellos días, que homenajear la letra de estos célebres analistas argentinos, ubicando los problemas que plantearon, las detenciones, los trazados “espiralados” en el potrero, en un café o en el mantel del bodegón “Pipo”, analistas deseantes, irreverentes, exagerados, siempre dispuestos al debate sin concesiones.

Lo que sigue, a modo de anticipo, son fragmentos de la presentación de la EFBA realizada por Oscar Masotta ante Jacques Lacan:

Hubo en Buenos Aires –él no ha muerto— una panacea para muchas demandas de saber: mi querido doctor Enrique Pichón Riviere. Antes de los años sesenta crea él una Escuela de Psiquiatría Social a la que, con razón, da su nombre. ¿Acaso no había formado él a la mayoría de los profesores que convoca a su escuela? Los notables de la segunda generación (me refiero a los psicoanalíticos: se puede contar tres de hombres, los últimos aproximadamente de mi edad) habían sido, de una u otra manera, discípulos suyos. De atender a las quejas del maestro, discípulos desagradecidos; de leer a los discípulos, no lo parecían, puesto que lo habían citado hasta el cansancio. Uno de ellos promueve, hasta la cátedra universitaria, una teoría de la personalidad donde convergen la psicología social norteamericana, el conductismo, cierta nosografía psicoanalítica, Lagache, Merleau-Ponty. Edita asimismo en Buenos Aires las obras completas de Politzer y data de entonces el origen de un cierto freudomarxismo (cuyas pretensiones teóricas se desgastarían en pocos años) y cuyo santo y seña fue sencillo: que no había que deificar el inconciente. Yo creo que la condición fue entonces que no había que leer a Freud.

Otro discípulo –el primero es el doctor José Bleger; pero en adelante no haré nombres, según la regla que dice que para hacerlo hay que respetar lo suficiente….
El freudomarxismo fenomenológico de uno, el informacionalismo del otro, el institucionalismo de terceros, todo había partido de Pichón. Y por otras razones, u a otros niveles, también la Escuela Freudiana. ¿Quién no recuerda cuando Pichón decía que el secreto de un esquizofrénico es aquello de lo que en la familia no se habla, o que había que seguir sus pistas, pero para interpretarlo como una charada? Su vida era una verdadera deriva y de alguna manera siempre se tenía que ver con ella. Tenía algo de la imagen del Santo al que se le perdonaba todo y al que algunos espiábamos qué era lo que no se le podía perdonar. Un Santo al que se le caerían demasiados objetos “a” en su tambaleante camino. Su seducción era su generosidad: siempre pareció desear el objeto de la demanda del otro. En una época en que mi propia deriva me acerca a la suya, me preguntaba yo por qué le gustaría tener más de un encendedor en los bolsillos y regalarlos. En un país sin tradición cultural asentada, y una capital sobresofisticada, pero sin la defensa contra la entrada masiva de información…un psicoanalista como Pichón Riviere no dejaba de parecerse a esos médicos del lejano oeste o de la hambrienta campiña irlandesa que tiene que hacerlo todo: extraer una bala, asistir a un parto, dar masajes, operar de amígdalas, enterrar a la gente. Para Pichón, tanto a nivel de la salud mental como al de las teorías al respecto. Y que cuando se quedan solos adhieren oralmente a los “spirits” y se quedan dormidos.

Textualmente el doctor Pichón Riviere y algunos de sus analizados, evocan aún hoy, un poco románticamente, es cierto, el tiempo en que Pichón se les dormía en las sesiones. No lo hacen para quejarse: era que lo habían amado. Lo que sugiere al menos que justo en el momento en que dejaron de analizarse, se estaban analizando. Cuando con el transcurso del tiempo Pichón lesiona seriamente su salud por un cierto abuso de alcohol y de drogas, no las pesadas ni las modernas, las de farmacia, el viejo es inhibido por la APA. ¿Qué se les puede reprochar? Después de haberle ofrecido asistencia médica y psicoanalítica, ¿Qué más podían hacer? Como esas familias demasiado estructuradas, o tal vez demasiado internamente torturadas ya, a las que nada enseña la producción de un loco. Desde aquél entonces la vida de Pichón ha pendido siempre de un hilo.

La particularidad no resta fuerza a algunas anécdotas. Conocí a Pichón poco antes del quebranto de su salud. De su biblioteca que no era avara ni rencorosa, salen como los conejos de la galera seminarios mimeografiados de Jaques Lacan dedicados de Lacan a Pichón, a los que un mortal –quien habla—jamás habría podido ni soñando haber accedido algún día y de otra manera. Es él quien pone en mis manos los primeros números de la Psychanlyse, quién bondadosamente baja de los estantes de la biblioteca de la APA polvorientas revistas con material lacaniano, él quien finalmente me invita a informar en su Escuela sobre el resultado de mis lecturas…. 







viernes, 22 de marzo de 2013

Elecciones al Claustro Graduados. Días 4 y 5 de abril. Proyecto de la Cátedra Libre Oscar Masotta: Candidata Titular: Liliana Boccardo.


No es sencillo sintetizar una propuesta para los graduados de la Facultad de Psicología, en primer lugar porque -avisamos desde un principio-, no vamos a hablar sólo de los graduados, sino que lo haremos respecto a qué pensamos de aquello que se nombra como Facultad de Psicología.

No nos interesa hacerlo desde lo que se supone que es la facultad, desde los ideales que desde allí se pregonan, desde el remanido andarivel de lo políticamente correcto. Nos interesa la Facultad de Psicología por una cuestión afectiva, por algo deseante que ubicamos allí, por una historia de lazos, de amistades, de encuentros con otras generaciones de practicantes del psicoanálisis que nos permitieron comenzar un recorrido. Es decir, nos interesa por lo que es -para nosotros-, pero también por lo que podría ser…

Jean Francois Lyotard dice en algún lugar que una institución es un grupo de gente que se compromete a no decir en el recinto lo que se dice en el pasillo. Tiene el mérito de ser al menos una definición divertida, pero si retenemos la idea de pasillo y de recinto, quizá podamos avanzar en cierta función posible que hoy ubicamos en el horizonte de nuestra facultad.

Para pensar esto busquemos el contraste con la actualidad, y  transportémonos al proyecto de Universidad de los años ´70. Siempre que se hace mención a aquella época, surge el término pasillo, lejano a  cualquier connotación peyorativa: las discusiones, el saber que allí se transmitía, la impugnación a los modelos de universidad que no se ajustaban al clima de época reinante… Pero además, existía otro recinto ya desde los años ´60: el recordado bar de enfrente o de la esquina -de la facultad-.

Recinto y pasillo, en una tensión productiva que permitía que los textos críticos ingresaran a las currículas, no del mismo modo que participaban en el Café, pero sí con la potencia de aquello que se logra como resultado de una conquista. Y subrayamos esto, porque el problema no radica sólo en encontrar cierto estilo de textos en la currícula oficial, sino que vale la pena pensar cómo éstos están dispuestos. A veces, la estrategia de hacerle lugar a algo, es únicamente para neutralizar su fuerza.

¿Cómo se da esa tensión entre recinto y pasillo en la actualidad? ¿Existe aquello o hemos tomado un mal punto de partida?

El Café de la esquina ahora se llama “Bar”, y distribuye menúes “ejecutivos”. Por allí no avanzaremos mucho. Pero para que la estructura institucional funcione, del modo que sea, siempre existe recinto y  pasillo,  y desde este último lugar, la Masotta intenta construir otras condiciones de recinto.

El año pasado trabajamos con unos seminarios pasilleros de Historia Argentina desde dos ejes: Universidad y Sindicalismo de Base. Comenzamos un Ciclo de Cine sobre “Desmanicomialización, Política y Psicoanálisis”. Trabajamos en seis encuentros la temática del Psicoanálisis y la Salud pública y, por segundo año, llevamos a cabo las “Jornadas sobre Psicoanálisis, Salud y Políticas Públicas”, con la participación de más de 500 personas. Además, no faltaron encuentros relativos a la temática de los Derechos Humanos y a nuestra historia reciente, dándole espesor al proyecto que presentamos y fue aprobado en el Consejo Directivo, para conmemorar a nuestros compañeros desaparecidos de la facultad junto a sus lugares de militancia.
(Se pueden encontrar las editoriales, desgrabaciones y videos en www.catedralibreoscarmasotta.blogspot.com )

En estas actividades participaron mayoritariamente docentes de la Facultad de Psicología, y graduados que realizan su práctica en el ámbito de lo público. Sin recalentar ningún guiso de “saber establecido”, dando cuenta de una experiencia, de los obstáculos, de la dificultad en el registro de las condiciones materiales, históricas, legales e ideológicas en las que una práctica es posible.

Para este año, vamos a constituir un espacio denominado Psicoanálisis y Estado, que retoma el nombre del panel en que participó Roberto Gutman, Secretario de Salud Mental de Moreno, en el Gran Buenos Aires. (http://www.youtube.com/watch?v=VfjaNyr23Y8 )
Y... ¿cómo decirlo?. Para nosotros allí hay un terreno fértil para discutir políticas anti-manicomiales no meramente bien intencionadas; es necesario condicionar -desde la acumulación política- determinadas políticas públicas a partir de la constitución de un amplio y pujante movimiento de Salud Mental Argentino. Para eso la propuesta es convocar a los trabajadores del área Salud de la ciudad de Rosario para constituir espacios públicos de discusión, y no sólo con los psicólogos, ya que pensamos que un movimiento de Salud Mental necesita de un protagonismo más amplio, de todos los que allí trabajan.

La propuesta es hacerlo en la Facultad. Por varias razones. En principio, nosotros no concebimos la relación del graduado con la Facultad sin cierta relación a la “deuda”. Por la formación, por la transmisión… deuda con el pueblo que financió el privilegio de que estudiemos una carrera.  Pero además, pensamos que el graduado encarna cierto lugar “acreedor”: siempre tiene alguna cuenta por cobrar en la facultad. Siempre le queda resonando un dicho que él querría rectificar.


En fin, es una invitación a Usted señor/a graduado/a, a ensanchar “uno de los pasillos” que pensamos que interpelan el encierro de nuestra Facultad y de paso, a la posibilidad de construir juntos algún techo que sirva para que las prácticas no caminen en la intemperie de la ausencia de interlocución.

Por otro lado, estamos realizando un documental respecto a la historia del Psicoanálisis en la ciudad de Rosario. Lo cual incluye también un recorrido por diferentes momentos de la carrera de Psicología, desde su creación en el año ´54, hasta el corte que realizamos con la última currícula en el retorno democrático.

Estamos aprontando los textos de las jornadas pasadas para la edición de dos libros sobre Psicoanálisis, Salud y Políticas Públicas. Algunos textos se pueden leer en www.catedralibreoscarmasotta.blogspot.com .

En Abril se dará comienzo a un Seminario-Taller sobre Acompañamiento Terapéutico. Desde Mayo sostendremos, junto a Jorge Gómez y otros invitados, un seminario anual de Psicoanálisis con Niños.

En Septiembre contaremos con las 3ras Jornadas de Psicoanálisis, Salud y Políticas Públicas.

Asunto Concursos:

Con respecto al posible ingreso de los graduados al recinto, consideramos que la pelea hay que dirigirla en el ámbito de los concursos. En un texto anterior, haciendo referencia a lo que llamamos “características de la universidad-isla”, decíamos lo siguiente:

En el ´83, había que expulsar a los profesores “procesistas” de la Facultad. Había que crear una nueva currícula por derecho propio y como táctica reparadora. Esto se inicia con las dificultades propias al momento posterior a siete años de genocidio, ¿se entiende? Hay un contexto… Pero resulta que 30 años después, hay docentes que se están jubilando sin haber tenido jamás la posibilidad de concursar -lo que entendemos que es un derecho- Y eso, ¿a qué obedece? Muchos años después continuaron los “modos de excepción”, ubicando gente en los cargos sin concurso -y ya eliminados los cargos ad honorem… Se da continuidad a un modo de trabajo, poniendo en el lugar de “la urgencia” algo menor, que no resistiría el más mínimo análisis sino fuese porque se apoya en una memoria-olvido anterior.
Y la “moral” se pronuncia alertándonos de que estamos hablando de “fuentes de trabajo”, como si eso clausurara la discusión, cerrando la posibilidad de pensar una perspectiva democrática que valga para todos; privatizándose lo público. »


      A 30 años de Democracia, pensamos que es necesario que cada cargo nuevo que se habilite en la Facultad sea otorgado bajo concurso.

Se trata de la modalidad de los ingresos: si rige una legalidad para todos o si se naturaliza una lógica de influencias. Este es un debate que también nos debemos con respecto a los ingresos en el Sistema Público de Salud.

Tanto los estudiantes avanzados, como los psicólogos nos enfrentamos en ocasiones a condiciones de trabajo muy precarias desde el aspecto de nuestros derechos como trabajadores, así como desde el tipo de ofertas de prácticas que no respetan una especificidad. Para situar un ejemplo: suelen existir contratos de “animadores sociales” para psicólogos.

Es cierto que desde esta precariedad se han podido constituir colectivos con propuestas reivindicativas, una vez dentro. Con lo cual se establece una situación paradojal: sin aceptar esas condiciones no surge un colectivo con una propuesta reivindicativa, pero si se las acepta, se retroalimenta el funcionamiento de una lógica política.

Quizá si logramos instalar una agenda de debate entre los trabajadores de la Salud, y los estudiantes que comienzan sus prácticas, los que empiezan a preguntarse por ellas, podamos salir de esa encerrona. Porque disputar por condiciones de trabajo –que primero hay que discutirlas—y por concursos justos, es una reivindicación política, pero que tiene efectos en cada práctica y por lo tanto en los modos de vivir de nuestro pueblo.

La lista la encabeza la Psicóloga Liliana Boccardo, ex-militante de la JUP en la facultad de Psicología en los ´70. Exiliada con el golpe militar, regresa a la Argentina en  1984. Se desempeñó como Coordinadora del servicio de Orientación Vocacional de la Secretaría de Relaciones Estudiantiles de la UNR desde 1995 a 2005. Fue diseñadora, coordinadora del programa de Articulación Escuela Media—Universidad de Rosario. Trabajó en el área de Promusida desde 1995 al año 2005. Trabajó en el Centro de Salud Municipal “Tío Rolo”, en el programa de prevención y asistencia a las adicciones. Trabaja actualmente en el Centro de Salud Municipal “Mauricio Casals”.

Nosotros solemos pensar que hablar de transmisión -producir un “conocimiento” al respecto- por supuesto que no la garantiza, y tal vez ni siquiera mejore las condiciones para que la misma ocurra. Se trata de atravesamientos que van más allá de lo que las conciencias declaman. Lo mismo quizá suceda con las filiaciones, las herencias, las deudas, las reivindicaciones, las derrotas.

Por supuesto, es necesario afirmar desde dónde se habla, desde dónde se intenta construir, pero esto hay que subrayarlo con actos. Está claro que a la facultad, como al país, como a nosotros, la interpelan los 30.000 compañeros desaparecidos y todos aquellos que en estos años fueron víctimas de las políticas que el terror vino a sembrar.

Pero están los sobrevivientes: los de la masacre, los sobrevivientes de las barriadas, las ideas, los sueños…

En fin, nuestra candidata es Liliana Boccardo porque la Masotta, si bien está conformada por estudiantes y recientes graduados, -el resto de la lista proviene de nuestras inferiores-, no pertenece al mundillo de la avidez de novedades: los debates que proponemos tienen historia, ya han tenido lugar. Las banderas que sostenemos, las sostenemos porque nos sumamos a aquellos que las sostienen o sostuvieron . Ellos son los que llevamos sobre los hombros, para tratar de ver más alto y más lejos.

No estamos en posición de receptores de una herencia cerrada; no enterramos lo que no se cayó. Nuestra posición es la de compartir un espacio con las generaciones pasadas, con los “pibes” que entran con timidez al edificio de la facultad, con los músicos de las bandas de cumbia de La Tablada, con los chicos del espacio de ajedrez, con las maestras jardineras del barrio y con todos los que nos vamos encontrando en lo que vayamos pudiendo realizar.

La batalla como siempre es discursiva, es cultural.
Y allí nos veremos…

Para finalizar, un viejo concepto: ciudadanía universitaria. Ejercela y vení a votar el 4 y 5 de abril!
Saludos!








lunes, 4 de marzo de 2013

Carta abierta a la comunidad Psi de Rosario




“…si lo saben, ¿por qué no lo dicen?”
Sigmund Freud

Nuestra carrera de psicología tiene una historia repleta de secretos, olvidos programados, pactos de silencio, festejos de aniversarios nefastos… A su vez la consagración de un statu quo que día a día suma más y más adeptos, que incorpora incluso a mucha gente impensada en otros tiempos.

Se trata de una política de disimulación, de pasillos mascullantes de historias que no llegan a ningún recinto. Correciones políticas al continuum de los ´90, políticas del olvido, que no pugnan por ninguna reparación. Y digámoslo, esto es grave.

Vayamos por partes. En cuanto a la reparación, hay al menos tres momentos de nuestra historia que deben ser nombrados y problematizados. Se trata de encrucijadas que muestran la obscenidad a la que también podemos llegar los pulcros universitarios.

A) Fundación de la Carrera en el año ´55 desde un gobierno elegido por las mayorías populares. Luego viene el golpe de septiembre, que previamente había masacrado a cientos de personas en los bombardeos a la Plaza de Mayo. La dictadura de la masacre José de León Suarez, de la opresión y la negación de derechos y libertades. Desde esa usurpación del Estado se (re) “inaugura” la carrera de psicología en el año ´56, borrando aquella historia anterior.

B) Posterior a la intervención de Onganía en la Universidad (1966), con  la renuncia masiva de una gran mayoría de los docentes, muchos de ellos regresan a sus funciones en el inicio de los 70, en un clima de discusión de orden político-institucional propio, que a la vez participaba de un clima de época mayor que lo integraba. Allí, nuestra práctica adquiere una relevancia totalmente distinta al destruir el statu quo que sostenía el psicoanálisis como propiedad de los médicos de la Apa y al psicólogo como auxiliar del médico.

El terror pone fin a esa experiencia, tanto en la facultad, como en los espacios colectivos como el C.E.P. (Centro de Estudios de Psicoanálisis) ya desde el año ´74, con la “primera intervención” de la facultad. Este período, que incluyó la desaparición de estudiantes y psicólogos, contempla a profesores colaboracionistas que confeccionaban listas negras, la eliminación de autores y textos -como siempre-, y la simbólica inauguración de aulas bajo nombres de militares, acompañados de la consabida frase de San Martín: “Cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto, no defenderla”. Sólo que, como no podían defenderla -el peligro eran ellos-, únicamente les quedó que “todo esté permitido”.

C) La tercera escena, tiene que ver con el retorno a la democracia en el año ´83. No vamos a entrar aquí en la discusión sobre los dos modelos de currícula que se discutieron en aquél tiempo -tema interesantísimo-, cuál era mejor, cuál peor, cuál se implementó mal… etc. Ni tampoco es éste el lugar para analizar el comportamiento del sector político que hegemonizó la discusión –interna-, ni el grado de pauperización que sufrió en el transcurso de los años. Como este período, básicamente, compuso la letra que establece el cursado, las clases, y el orden de las cosas desde hace… apenas… ¡30 años! diremos que los aspectos negativos fundamentales los encontramos en lo que llamamos “Universidad-Isla”, y en la correspondiente privatización de lo público que de ella decanta

1) La “Universidad-Isla” deshistoriza un enunciado que tomaba su validez en un contexto particular de discusión, lo a-isla, y lo eleva a una función moral que ya no puede ser discutida bajo el régimen de la política de la “corrección” (política).

Tomemos un ejemplo: los concursos. En el ´83, había que expulsar a los profesores “procesistas” de la Facultad. Había que crear una nueva currícula por derecho propio y como táctica reparadora. Esto se inicia con las dificultades propias al momento posterior a siete años de genocidio, ¿se entiende? Hay un contexto… Pero resulta que 30 años después, hay docentes que se están jubilando sin haber tenido jamás la posibilidad de concursar -lo que entendemos que es un derecho- Y eso, ¿a qué obedece? Muchos años después continuaron los “modos de excepción”, ubicando gente en los cargos sin concurso -y ya eliminados los cargos ad honorem… Se da continuidad a un modo de trabajo, poniendo en el lugar de “la urgencia” algo menor, que no resistiría el más mínimo análisis sino fuese porque se apoya en una memoria-olvido anterior.
Y la “moral” se pronuncia alertándonos de que estamos hablando de “fuentes de trabajo”, como si eso clausurara la discusión, cerrando la posibilidad de pensar una perspectiva democrática que valga para todos; privatizándose lo público.

2)  La “Universidad-Isla”, luego de consolidar cierto statu quo, genera que la disputa de sentido, se reduzca a quién comanda ese statu quo. Lo más progresista que se puede ser, sin denunciar el funcionamiento corporativo, no va más allá de un chachismo-alvarez o de un frepasismo noventero. Lo que se enuncia como positividad es, si se logra, no más que cierta “higiene procedimental”.

Tomemos un ejemplo: ¿Qué canción tenemos que cantar los universitarios si queremos cantar todos juntos? ¡Oh!... ¡Más presupuesto! ¿Pero para qué proyecto?
El aumento en Educación Superior desde el 2003 al 2011 fue del 820%. Desde el aspecto de maquinaria de producción de matrículas profesionales a la que la facultad se fue reduciendo --en su aislamiento--, los números de graduados no se movieron ni un ápice.

Nuestro planteo es que sin la construcción de un proyecto que integre una realidad social mayor que las rencillas corporativas de universitarios --en general dispuestas para desviar nuestra atención de lo que es importante--, a mayor presupuesto y “autonomía de pocos”, más kioskos, más privatización de lo público y la oportunidad perdida de invertir “el capital de todos” en beneficio también de todos, lo que implica la permanente discusión respecto al sentido de la formación. 

3)  La Universidad-Isla interviene sobre el jardín, la escolaridad primaria y secundaria con un grado de “alma bellez” como pocas veces visto, un diseño de segregación en etapas aceitado como el mediocampo del Barcelona.

Esta Universidad-Isla no reflexiona sobre lo que ocurre en el complejo entramado social-cultural-político-económico que la sostiene, pero tampoco incorpora a su reflexión lo realizado por su “propio producido”: el graduado. Forma a los maestros, los médicos, los neurólogos, los comunicadores, los psicólogos… que van a intervenir sobre la infancia y la adolescencia en la escuela.

Combate de éticas distintas, cuando tenemos la suerte de que quién actúa lo hace desde fundamentos éticos. Entonces, primero tenemos la segregación económica, luego los que quedan “trabados” por los discursos profesionales, de allí sobrevive una clase media y alta que tiene investido que “la universidad le pertenece” (lo cual no implica necesariamente apropiación del espacio como de todos). Por último, una franja fundamental: la que se incorpora por primera vez a la Universidad y que resiste a irse.

En las universidades del conurbano, el 80% de los cursantes son la primera generación de sus familias que ingresa a una carrera universitaria. En las carreras tradicionales de la Universidad-Isla, este grupo entra en una proporción ínfima, viéndoselas con los dientes de una facultad llena de signos que le señalan que la misma no es para ellos. Desde la “bella” indiferencia. No se precisa más que eso.

Conclusión del texto:
Podríamos seguir adjetivando la Universidad-Isla, pero para cerrar, pensamos que quizá esté sucediendo que la apatía, el escaso entusiasmo en el cursado, la falta de participación, de discusión, provenga de que muchos compañeros identifican la Universidad-Isla, tal vez como la única universidad posible, con lo cual pierden cualquier interés en ella.

Entendemos que la historia nos muestra que otra universidad fue posible, y que estamos, en el tiempo donde lo público ha vuelto a quedar bajo signo de interrogación, lo que interpela nuestro lugar y nuestras prácticas en las instituciones públicas.

Frente a políticas que buscan la atomización, que no nos juntemos, que no haya encuentro, recuperar las instituciones para llenarlas de conflictos nuevos, de mal-estares de muchos, se hace –decimos, ahora sí, con prudencia-- necesario.


sábado, 2 de marzo de 2013

Carlos Paola. Panel: "Psicoanálisis y Hospital", de las II jornadas de psicoanálisis, salud y políticas públicas.


El Panel se llamó "Psicoanálisis y hospital". A Carlos, lo conocimos a partir de la lectura de su libro “El oro y el cobre” (del a-meghino y otros fragmentos), donde historiza y problematiza su trabajo en dicha institución (Ameghino), dialogando con el Freud de los caminos de la terapia analítica, con Eitingon, Abraham y Simmel (los de la primera policlínica psicoanalítica) y a su vez, leyendo y discutiendo con sus contemporáneos argentinos, entre ellos, los que práctican el psicoanálisis en las instituciones públicas.

Para los que leyeron su libro, se encontraran con una conferencia donde vuelve a muchos de los temas planteados, agregando ideas, sumando nuevas preguntas. Pensando las legalidades y especificidades de la institución, y cómo condicionan los modos de la demanda, tomando el olvido del “más allá de la demanda” como resistencia del analista, lo que invita a interrogar la posición del analista desde la institución asistencial.

Al finalizar, se ingresa al escenario de los “nuevos” obstáculos promovidos por la gestión macrista, lo que interpela nuestros modos éticos y políticos de habitar una institución pública